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Violencia de Género y la protección de la infancia

El recién pasado mes de julio se aprobaba en el Congreso de los Diputados (y Diputadas 😉 ) la Ley de Protección a la Infancia y a la Adolescencia que, entre otras cosas, regulaba la posición de los niños y niñas que se ven inmersos en una situación de violencia de género en su núcleo familiar. A partir de ahora son considerados víctimas como sus madres, lo cual nos lleva a pensar que, si el derecho es una disciplina que va a posteriori de la realidad, cuántas hijas e hijos de mujeres maltratadas no tuvieron que sufrir miedos y ansiedades durante el programa de visitas posterior al divorcio, por ejemplo, o custodias compartidas donde las voces de los niños no eran escuchadas. Pensar en el por qué de esta norma a mi me mete mucho miedo…

Este razonamiento, además de aprobarlo, me hace reflexionar mucho y me pone los pelos de punta. Sí, vivimos en una sociedad donde la violencia de género cobra más víctimas que el oficialmente llamado terrorismo (¿acaso esto no lo es?) y donde los “daños colaterales” son tan importantes si cabe como el “daño original”. Las niñas y los niños en las guerras (no hay más que ver las fotos de Siria y sus desplazadas), en los desplazamientos, en las epidemias de hambruna, de cólera, de SIDA, son siempre los más desvalidos, las más vejadas, las que más sufren, los que menos comprenden lo que pasa, así que aunque sea si por una mera definición como esta tienen más acceso a los servicios, y más protección frente al agresor, bienvenido sea.

Y ahora, como todas las leyes, nos toca ver su aplicación, su impacto, sus efectos en el tiempo… Porque tan importante como la atención a las víctimas es la prevención y en este contexto de recortes en educación, de recortes a las ONG que realizaban sus programas de manera gratuita en los centros escolares,  de asociaciones sin ánimo de lucro que atendían con los mínimos recursos posibles a las víctimas,  no podemos dejar de reivindicar el papel de la educación y la prevención como el mejor antídoto y la mejor pulsera contra el maltratador. Ellas y ellos son el germen de lo que pasará años después, y peor… de lo que ya está pasando en los centros escolares.

Ana García

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