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Una reflexión feminista sobre el plan de parto, herramienta de empoderamiento femenino.

La maternidad es y ha sido durante miles de años herramienta utilizada para la opresión de las mujeres, para perpetuar roles de género sexistas e injustos.

En este camino que hemos recorrido juntas, me he encontrado con la que creo ha sido la mejor de las herramientas para romper este tipo de injusticias (con respecto a la maternidad), el plan de parto y nacimiento.

El plan de parto y nacimiento es la expresión por escrito y sin dejar lugar a dudas de nuestro consentimiento a la hora de acompañamientos, intervenciones y demás actuaciones en lo que se refiere al momento del parto de nuestras hijas o hijos. En la Estrategia de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad (e Igualdad) viene definido como aquel documento en el que la mujer puede expresar sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso de parto y el nacimiento.

En mi humilde experiencia, el proceso de elaboración del plan de parto propio se convierte en momento de expresión “en voz alta” de los deseos de la mujer, acompañada o no de su pareja, donde se (nos) debería cuestionar todo el proceso y preguntarnos si de verdad, lo que nos dan por “protocolo” obedece a auténticas razones de necesidad por motivos de salud, o estos protocolos, en su mayoría hospitalarios, no son más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos donde la ciencia ha sido manejada mayoritariamente por hombres. ¿Obedecen a motivos reales científicos o la mayoría de ellos han sido creados por/para/desde la comodidad DEL profesional que los llevaba a cabo? Analiza, piensa, busca información, porque en la mayoría de los casos, no es así, por eso, un proceso meditado y consciente, facilitado por una profesional si hay oportunidad, te puede llevar a la verdadera apropiación de tu maternidad, a tu empoderamiento sobre ella.

Pero le pasa como al feminismo, puede resultar incómodo. Hay que agradecer a las miles de compañeras que en nuestro país lo llevan haciendo años, cuando apenas se hablaba de ello, porque normaliza la situación, porque visibiliza otras maneras de estar y de sentir, porque grita que nuestra maternidad es nuestra!!! y de nadie más, en todo caso, compartida con quien nosotros deseemos hacerlo. Y hablo de la importancia de la visibilización, porque en mi propia experiencia, he sentido el rechazo a lo raro, a lo diferente, al ¨¿por qué te cuestionas esto? Ah! Eres la hippie de plan de parto… uyyy hay que tener cuidado contigo…“., como un ejercicio más de paternalismo y de oh dioses (y diosas) de la bata blanca que se ven cuestionados en su proceder.

Últimamente me he encontrado con algunos ejemplos, que aunque potencian este modelo de autonomía de la mujer, lo hacen a través de herramientas que, al contrario, potencian el efecto contrario, bien porque lo hacen a través del modelo “cuestionario” o “rellena aquí” o a través de plantillas prefabricadas, en lo que yo creo, pierdes la esencia de lo que se pretende.

En fin, que cada vez más es conocida esta figura, que la escojan las mamás como herramienta de apropiación de lo que YA ES SUYO, que la difundan, que se conozca, que es posible y es obligatorio incorporar a nuestro historial y que cualquier actuación en contra sin justificación, ha de ser demostrada y, en caso contrario, denunciable, pero de eso hablaremos ya otro día.

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